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Jineteada gaucha Argentina
Tema desarrollado por: Jorge Lisandro Montiel
 
- La jineteada, mal llamada "doma", es aguantar sobre el lomo del bagual o potro (animal sin amansar) durante un período que puede ser de 6 ó más segundos.

- Existen distintas categorías de jineteadas: crin limpia, basto, encimera, silla, grupa, etc.

- En los Valles la jineteada es distinta a la surera, allí se compite en apero completo, además se pone una semiguatana en la boca del animal, tal cual lo hacen cuando doman, la guatana, semiguatana o bocado, es un par de cueros torcidos que forman un circulo y se ponen en la boca del potro en lugar del freno.
  A clina limpia
Tipos de Jineteadas
Gurupa surera
  Bastos con encimera
LA DOMA (1768)
JOSÉ MANUEL PERAMÁS

Causa mucho gusto ver domar un potro: no se valen para ello de los ardides Y trazas de nuestros picadores, y lo consiguen con perfección. Suben en ellos sobre una silla que tienen para esto, le sujetan con unas riendas y uno va a caballo a su lado por lo que se puede ofrecer. Bien puede el potro corcovear, brincar y enfurecerse, que no despedirá de su silla al jinete; porque en esto son diestrísimos; y cuando el potro con la furia que lleva corriendo se tira a tierra, no hay que tener lástima al jinete, porque éste siempre en semejantes ocasiones queda en pie. Esto sólo el que lo ve puede admirar la suma destreza de estos hombres. Las sillas, recados o lomillos, como ellos dicen, no son ni tan blandas ni tan airosas como en España; sobre ellas ponen unos pellones en unas como colchitas de poco más de una vara y algo más de largo, bien cargadas de lanas de

 
varios colores; otras sillas hay que debajo de estas colchitas tienen sus cojinillos; pero esto es sólo de los caballeros, no de los peones: éstos usan de unos estribos bien raros, pues son de madera y tan estrechos los agujeros que no caben más que los dedos pulgares, y de la fuerza que hacen, por lo regular los tienen descoyuntados.
 

"El caballo criollo en la historia Argentina"
CARLOS DARWIN
(1833)

- Una tarde llegó un domador con ánimo de ejercer su oficio en algunos potros. Describiré las diligencias preparatorias de la operación porque creo que no han sido mencionadas por otros viajeros. Meten en el corral, que es un amplio cercado de estacas, una manada de potros sin domar, y cierran la entrada. Supondremos que un hombre solo ha de coger y montar un caballo enteramente extraño a silla y freno. A mi modo de ver sólo un gaucho es capaz de realizar esta hazaña.- El gaucho elige su potro ya perfectamente crecido, y mientras el animal corre furioso alrededor de la cerca, le arroja el lazo de modo que enganche las dos patas delanteras.

Al punto, el caballo rueda por tierra, dando una fuerte caída, y, en tanto que pugna por levantarse, el gaucho, manteniendo prieto el lazo, forma con el resto de la correa un círculo para enganchar una de las patas traseras, precisamente por debajo del menudillo o cerneja, y tira hasta unir esta pata con las dos delanteras y sujeta perfectamente las tres. Luego, sentándose en el cuello del caballo, fija una brida fuerte sin bocado a la mandíbula inferior, lo que ejecuta pasando una correa estrecha por los ojales del extremo de las riendas y dando varias vueltas alrededor de la mandíbula y la lengua. Las dos patas delanteras se traban ahora, bien juntas, con una correa fuerte, en la que se hace un. nudo corredizo. Aflojado el lazo que sujeta las tres patas, el caballo se levanta con dificultad.El gaucho, empuñada
fuertemente la brida atada a la mandíbula inferior,saca el caballo del corral. Si hay otro hombre que ayude (pues de otro modo la operación cuesta más trabajo), tiene sujeto al animal por la cabeza mientras el primero le pone los aparejos y la silla, cinchándolos juntos. Durante esta operación, el caballo, con el terror y espanto de verse así atado por medio del cuerpo, se echa a tierra y da incesantes revolcones, sin querer levantarse hasta que se le obliga a palos. Al fin, cuando está ensillado, el pobre animal apenas puede respirar de espanto, y está blando de espuma y sudor. El hombre se dispone ahora a montar, oprimiendo pesadamente el estribo, de modo que el caballo no pierde el equilibrio, y en el momento de echar la pierna sobre el lomo del animal tira del nudo corredizo que sujeta las
 
patas delanteras, y el caballo queda libre. Algunos domadores quitan esa traba estando el animal derribado, y, poniéndose sobre la silla, le permiten levantarse debajo de ellos. El caballo, loco de terror, da algunos saltos violentísimos, y luego parte a todo galope; cuando se ha fatigado hasta agotar sus fuerzas, el hombre, con paciencia, lo trae de nuevo al corral, donde se lo suelta envuelto en un vaho de cálido sudor y medio muerto. Cuando los potros no quieren galopar y se obstinan en echarse en tierra, la doma es mucho más penosa.

El procedimiento descrito es terriblemente duro, pero a las dos o tres pruebas el caballo queda domado. Sin embargo, hasta después de algunas semanas, no se le monta con bocado de hierro y barboquejo sólido, porque tiene que aprender a asociar la voluntad del jinete con la sensación de la rienda antes de que el más poderoso freno pueda serle de algún servicio.
 
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