Si los concursos de salto ecuestre pudieran definirse en forma de receta, sin duda los ingredientes básicos serían los jinetes y los caballos. Sin embargo, tanto sus cultores como los entendidos saben que el diseño y el armado de la pista es un condimento fundamental, al que muchos atribuyen incluso la responsabilidad del éxito o el fracaso de una prueba.
El diseño y armado de pistas, incide en la competencia propiamente tal, en la emoción que pueda tener a ojos del público y hasta en el desarrollo deportivo de los caballos.Según Carol Lopicich, experto internacional, el diseño y armado de pistas de salto puede considerarse un 50 por ciento de arte y un 50 por ciento de ciencia.
"Es una buena mezcla de ambas cosas. De arte, porque es la cara que se muestra al público, es el 'jardín' de salto, es el escenario. Y uno tiene que hacer algo armónico con la naturaleza y el entorno, que sea atractivo a los ojos del espectador. Y por otro lado es ciencia porque está distribuido matemáticamente de cierta forma para que los caballos y jinetes tengan las dificultades y esfuerzos claramente determinados y medidos. Es un poco como la arquitectura".
En estricto rigor, agrega, Lopicich "el diseño de pistas nace de la competencia que florece entre el jinete y quien le pone los obstáculos en la pista. Al final, esa es la verdadera competencia. Es un reto, un desafío. Finalmente, el resultado de dos o más binomio será lo que defina la competencia, pero la competencia real es del binomio contra la pista, desde las banderas de partida a las de llegada. Y todo lo que pasa entremedio es el diseño de pista: la ubicación de los obstáculos, su estructura, la forma, el lugar donde se ponen, el color, la forma de armarlos".
Tanto jinetes como especialistas aseguran que para llegar a ser diseñador de pista, además de aprobar los cursos oficiales, hay que ser un fanático. "Es una labor bastante sacrificada. Normalmente es el primero que llega y el último en irse de un concurso. Y durante la competencia es el que tiene que estar más atento a los cambios. Además, nadie va a ver al diseñador de una competencia, sino a los deportistas. Por eso yo siempre digo que es un trabajo tras bambalinas. El diseñador es como el escenógrafo, que tiene que mover y cambiar el escenario mientras el show sucede a su alrededor. Siempre se está detrás de la cortina".
Oficialmente, la Federación Ecuestre Internacional (FEI), tiene determinado el camino que debe seguir un diseñador. Normalmente, los interesados se inician como ayudantes de un diseñador nacional y aprende con la práctica constante. Luego se debe asistir a cursos de nivel nacional y, por supuesto, a un buen número de concursos donde aplicar los conocimientos adquiridos. De ahí en adelante, de acuerdo a los progresos y a su rendimiento en cursos, seminarios y concursos oficiales, se puede llegar a ser juez internacional o FEI.
Lopicich comenzó en los 80, en Valdivia, en forma amateur, cuando era jinete, y asegura que es ideal que el diseñador haya saltado, "porque conoce el esfuerzo y la dificultad que está colocando en la pista. Luego, no obstante, uno tiene que definirse o por el diseño o por el deporte. Yo sigo saltando, es cierto, pero en pruebas para caballos nuevos, donde el premio es una escarapela. Yo no voy a saltar competencias importantes".
En 1997 Lopicich se convirtió en diseñador internacional, y ha tenido oportunidad de trabajar con afamados especialistas, en concursos de la talla de Aachen, o en los mismos Juegos Olímpicos de Sydney, donde integró el equipo de armadores. "Gracias a Internet, podemos mantener contacto permanente con los diseñadores que marcan la pauta a nivel mundial. Intercambiamos opiniones, nos mandan croquis para estudiarlos... Y, en lo personal, uso mucho la estadística. Me gusta ver qué pasó cuando puse tal o cual distancia, cuál fue el salto que más cayó, etc."
Los criterios de diseño, por cierto, dependen del tipo de competencia, del nivel de los participantes y qué se busca con la prueba, pero Lopicich confiesa que siempre busca "que los jinetes y los caballos tengan una buena experiencia, que nadie sufra en la pista, y que el público disfrute, que la prueba tenga emoción".
El profesional aclara que la cantidad de recorridos sin falta en una prueba es un dato importante, que no es lo ideal que nadie supere sin penalización una pista, pero que depende del concurso de que se trate, de los participantes y hasta de la época en que se realice. "En una prueba de sobre 1,40 mt. podría ser un 10 por ciento, pero si hablamos de Chile, es poco, porque participan unos 30 binomios. A mí me gustan los desempates entre cinco y siete jinetes, porque permite al público llevar la cuenta de lo que está ocurriendo en la definición y no se convierte en una segunda prueba. Ahora, en un evento con caballos nuevos, ojalá pase un 40 o 50 por ciento, porque se busca otra cosa, fundamentalmente experiencia".
Consultado por el lado ingrato de la actividad, Lopicich confirma que además de los sacrificios por los horarios extremos, el trabajo es agobiante cuando se enfrenta a un programa muy sobrecargado de pruebas y la despreocupación de algunos clubes acerca del material. "Hay que tener el 'cuero duro' ante algunas críticas. Está claro que el diseñador de pista tiene un amigo, que es el que gana la prueba. Por cierto es importante tener autocrítica, pero también hay que saber diferenciar los comentarios interesantes de los comentarios interesados".
Manuel Garrido, director de la Federación Ecuestre de Chile, destaca que "desde hace un tiempo la Federación Ecuestre Internacional se ha preocupado de adiestrar y preparar diseñadores de manera de hacer más técnicos los recorridos, para que los binomios no ganen las canchas en altura, sino en tecnicismo. El diseñador es un especialista en esto, sobre todo en cuanto a la variedad de las distancias, que no son las mismas entre un vertical y un oxer que entre un oxer y un vertical, por ejemplo. Lo mismo en variar el sentido de los saltos, que no estén todos a una sola mano. En realidad, el diseñador es muy importante para darle realce al concurso. Porque si hace una cancha muy difícil y no la pasa nadie con cero, y si hace una muy fácil, donde pasan todos, desluce la prueba. Se calcula que debe pasar al desempate un 10 por ciento de los participantes. En Chile tenemos un grupo bastante bueno, aunque pequeño, pero es suficiente para nuestro calendario, que no es tan nutrido. Además, cada vez más los clubes se están preocupando de tener buenos diseñadores para sus concursos".
Jorge Aros, Juez Internacional de Saltos, coincide en que "el diseño de pista es fundamental para el buen desarrollo de la prueba. Cada obstáculo debe tener una ubicación precisa, mantener las distancias adecuadas y con las alturas y espesores que correspondan. Un mal diseño de pista generalmente lleva también a un mal desempeño de los jinetes".
"La idea fundamental es que el diseñador, dependiendo de la categoría del jinete, arme facilitando el desempeño de los deportistas. Lo ideal es que la prueba se pueda definir en los desempates, no en el recorrido base, y que los jinetes de las categorías más bajas puedan llegar a alturas superiores, lo que se logra en gran medida por el diseño... También el diseñador de pista debe considerar exigencias internacionales, por ejemplo, las pruebas de caballos fogueados deben considerar la utilización de ciertos obstáculos, como las rías o los fosos", agrega.
Pero si la verdadera competencia en la equitación se da entre el trazado y el binomio, entonces, los jinetes tienen mucho que decir al respecto. Según el deportista olímpico Carlos Milthaler, "el diseño y armado de canchas es fundamental en la equitación. Si tienes una pista mal armada, le va a costar mucho más saltar a los binomios y por consiguiente hay caballos que se van destruyendo con malos armados y hay jinetes nuevos que se están poniendo cada vez más temerosos porque en las líneas tienen que parar mucho, acortar... Para mí es fundamental hasta las pruebas de 1,20 metros o 1,30 metros armar canchas fáciles, con giros cómodos".
Acerca de su valoración de la importancia de este aspecto, el jinete del Club Universidad Católica es enfático: "La cancha tiene 100 por ciento de relevancia. Arma una cancha mala para jinetes de tercera categoría y te aseguro que ninguna pasa con cero falta. En mi opinión, el armado es todo, en especial en las pruebas formativas".
Milthaler, quien ha saltado desde canchas muy discretas en nuestro país hasta el trazado de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, tiene la impresión de que "en Chile somos especialistas en armar complicaciones. Cuando estuve en Europa, no me costaba nada saltar, tenías recorridos muy fluidos, ordenados, nunca tienes que estar pegando tirones o haciendo giros bruscos. En es aspecto creo que nos falta y a veces se echan a perder caballos que pueden ser buenos".
"En pruebas más altas estamos mejor, además los diseñadores se preocupan un poco más, porque la crítica es mucho más fuerte... Pienso que tal vez sería bueno que dentro de la Comisión de Salto hubiera un grupo que analice los armados y que los critique semana a semana, constructivamente, por cierto. No se trata de destruir a los armadores, porque los necesitamos, pero hay que reconocer que cada vez que viene un armador del extranjero nos quedamos con la boca abierta, lo encontramos espectacular", agregó.
Milthaler destacó el trabajo del especialista local Juan Carlos Zegers, además del de Alejandro Melgarejo, "aunque a veces sus canchas para desempates son muy altas" y el de Carol Lopicich, con la salvedad de que "me gustaría que armara más fácil las pruebas para caballos nuevos".
Sin distinción, la equitación nacional valora el trabajo de los diseñadores de pista como de máxima importancia, donde la preocupación tanto de los clubes como de los jinetes y de los propios profesionales, resulta fundamental para que nuestro país tenga cada día mejores deportistas. La preocupación por el material de saltos, la contratación de profesionales capacitados, la crítica constructiva y el constante perfeccionamiento todavía pueden mejorar en Chile. Porque está claro que en el arte-ciencia del diseño de pistas nunca se termina de aprender.
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