Tengo la suerte de conocer al caballo en un estado semisalvaje, en el campo, en su medio natural, donde se lo ve actuar e interactuar con sus congéneres en total libertad, casi sin haber recibido influencia humana.
Si bien he tenido muchos caballos de mi propiedad a lo largo de mi vida, los recuerdos más intensos son los de mi niñéz, tal ves me suceda lo mismo que a los caballos, en esa etapa las cosas más importantes quedan grabadas para siempre en la memoria.
Esas manadas eran para mi como un libro escrito en un idioma que yo no entendía muy bien, y digo no muy bien por que de caballos entendía bastante, pero solo a los mansos, que ya habían sido domados o estaban en proceso de amansamiento, con potros salvajes o cerriles no me metía en ese momento.