Las historias relatadas acerca de las inmensas manadas de ganado salvaje que vagan por estas llanuras son completamente inexactas; no existe, en ninguna provincia, ganado sin dueño y, en consecuencia, ninguno al que se le pueda llamar salvaje.
Hay ganado salvaje al sur del Plata, en donde los españoles carecen de jurisdicción, entre los indios que todavía mantienen todas sus cosas en común y para quienes el ganado, los caballos y los venados, son animales de caza destinados a la subsistencia.
En las estancias se conoce muy bien el |
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Poniendo la marca |
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| ganado que pertenece a cada uno; está a cargo de los vaqueros llamados domadores, pero con frecuencia bajo la vigilancia de los mismos dueños. Todos los animales están marcados y se los vigila regularmente para que no se alejen más allá de determinados límites. |
Los domadores conocen cada animal individualmente y su obligación es andar a caballo todo el santo día, cuidando que ninguno pase aquellos límites. Tienen la obligación de arrear todas las noches el ganado y llevarlo a los corrales construidos con ese fin. Cada propietario de Estancia tiene una marca particular, que estampan a fuego sobre el cuero del animal. Se trata, generalmente, de una inicial o signo rústico, de unas seis pulgadas de largo. Los caballos son marcados en la misma forma. Cuando algún animal cambia de dueño el vendedor añade otra de sus marcas, duplicándola: a esto se llama contrayerro y significa que no hay más derecho a reclamos sobre la bestia. El comprador fija, entonces, su marca para establecer su propiedad. Estas marcas son indispensables en un país que carece de cercos y donde es frecuente que el ganado de diversos dueños se mezcle. |