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"El pión de mano" Florencio Molina Campos |
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Los ganados vacuno y caballar no se crían bajo techo; se les agarra del modo siguiente: los peones o siervos los llevan a espaciosos matorrales, fabricados con cueros de toros asegurados a postes y de una capacidad que oscila entre mil y diez mil cabezas. Luego, montados en un caballo que enseñaron para tal faena, se dirigen al galope hasta llegar a una distancia de doce o más yardas del animal indicado, y con habilidad suma, le arrojan un lazo, hecho de cuero de toro, alrededor del pescuezo. Como el lazo está asegurado por una argolla de hierro a la montura, logran arrastrar así, tras de ellos, al animal; éste, |
| aunque más fuerte que su adversario el caballo, montado por el peón, tiene que rendirse de cansancio frente a la astucia del jinete, que hace parar repentinamente en la carrera, o bien dar vuelta en dirección opuesta, a su cabalgadura. |
Uno de esos hábiles peones, bien montado y provisto de lazo, domará y someterá, en campo abierto, al potro más salvaje. Desensillado el caballo que usa, pone la montura sobre el potro, obligándole a galopar y, si es muy bravo, le asegura bien las patas con el lazo y lo arrastra hasta las casas. Caza el león o tigre más feroz, echando el lazo alrededor del cuello o las patas de la fiera, a la que trata como quiera. |