La vuelta de Martín Fierro / 1879
José Hernández (1834-1886)

Fuente: Primera edición, 1879 - Reproducción textual.

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Antes de aclarar el dia
Empieza el indio á aturdir
La pampa con su rugir,
Y en alguna madrugada,
Sin que sintieramos nada
Se largaban á invadir-

Primero entierran las prendas
En cuevas como peludos;
Y aquellos indios cerdudos
Siempre llenos de recelos,
En los caballos en pelos
Se vienen medio desnudos.

Para pegar el malon
El mejor flete procuran-
Y como es su arma segura
Vienen con la lanza sola,
Y varios pares de bolas
Atados á la cintura.-

De ese modo anda liviano,
No fatiga el mancarron;
Es su espuela en el malon,
despues de bien afilao
Un cuernito de venao
Que se amarra en el garron.

El indio que tiene un pingo
Que se llega á distinguir,
Lo cuida hasta pa dormir;
De ese cuidao es esclavo-
Se lo alquila á otro indio bravo
Cuando vienen á invadir.

Por vigilarlo no come
Y ni aun el sueño concilia-
Solo en eso no hay desidia,
De noche, les asiguro,
Para tenerlo seguro
Le hace cerco la familia.

Por eso habrán visto ustedes,
Si en el caso se han hallao,
Y sinó lo han oservao
Tenganlo dende hoy presente-
Que todo pampa valiente
Anda siempre bien montao.

Marcha el indio á trote largo
Paso que rinde y que dura;
Viene en direcion sigura
Y jamas á su capricho-
No se les escapa vicho
En la noche mas escura.

Caminan entre tinieblas
Con un cerco bien formao;
Lo estrechan con gran cuidao
Y agarran al aclarar
Ñanduces, gamas, venaos-
Cuanto ha podido dentrar.

Su señal es un humito
Que se eleva muy arriba-
Y no hay quien no lo aperciba
Con esa vista que tienen;
De todas partes se vienen
A engrosar la comitiva.-

Ansina se van juntando,
Hasta hacer esas riuniones
Que cain en las invasiones
En número tan crecido-
Para formarla han salido
De los últimos rincones.

Es guerra cruel la del indio
Porque viene como fiera;
Atropella donde quiera
Y de asolar no se cansa-
De su pingo y de su lanza
Toda salvacion espera.

Debe atarse bien la faja
Quien aguardarlo se atreva;
Siempre mala intencion lleva,
Y como tiene alma grande
No hay plegaria que lo ablande
Ni dolor que lo conmueva.-

Odia de muerte al cristiano,
Hace guerra sin cuartel-
Para matar es sin yel,
Es fiero de condicion-
No golpea la compasion
En el pecho del infiel.

Tiene la vista del águila,
Del leon la temeridá-
En el desierto no habrá
Animal que él no lo entienda-
Ni fiera de que no aprienda
Un istinto de crueldá.

Es tenaz en su barbarie,
No esperen verlo cambiar,
El deseo de mejorar
En su rudeza no cabe-
El bárbaro solo sabe
Emborracharse y peliar.

El indio nunca se rie
Y el pretenderlo es en vano,
Ni cuando festeja ufano
El triunfo en sus correrias-
La risa en sus alegrias
Le pertenece al cristiano.

Se cruzan por el desierto
Como un animal feroz-
Dan cada alarido atroz
Que hace erizar los cabellos,
Parece que á todos ellos
Los ha maldecido Dios.

Todo el peso del trabajo
Lo dejan á las mujeres-
El indio es indio y no quiere
Apiar de su condicion,
Ha nacido indio ladron
Y como indio ladron muere.

El que envenenan sus armas
Les mandan sus hechiceras-
Y como ni á Dios veneran
Nada á los pampas contiene-
Hasta los nombres que tienen
Son de animales y fieras.-

Y son, por ¡Cristo bendito!
Lo mas desaciaos del mundo-
Esos indios vagabundos
Con repunancia me acuerdo,-
Viven lo mesmo que el cerdo
En esos toldos inmundos.

Naides puede imaginar
Una miseria mayor-
Su pobreza causa horror-
No sabe aquel indio bruto
Que la tierra no dá fruto
Sino la riega el sudor.


chic sobre la imagen

5

Aquel desierto se agita
Cuando la invasion regresa-
Llevan miles de cabezas
De vacuno y yeguarizo,
Pa no aflijirse es preciso
Tener bastante firmeza.

Aquello es un hervidero
De pampas -un celemin-
Cuando riunen el botin
Juntando toda la hacienda,
Es cantidá tan tremenda
Que no alcanza á verse el fin.

Vuelven las chinas cargadas
Con las prendas en monton;
Aflije esa destrucion-
Acomodaos en cargueros
Llevan negocios enteros
Que han saquiao en la invasion.

Su pretension es robar,
No quedar en el pantano-
Viene á tierra de cristianos
Como furia del infierno;
No se llevan al gobierno
Porque no lo hallan á mano.

Vuelven locos de contento
Cuando han venido á la fija-
Antes que ninguno elija
Empiezan con todo empeño,
Como dijo un santiagueño,
A hacerse la repartija.

Se reparten el botin
Con igualdá, sin malicia;
No muestra el indio codicia,
Ninguna falta comete-
solo en eso se somete
A una regla de justicia.

Y cada cual con lo suyo
A sus toldos enderiesa-
Luego la matanza empieza
Tan sin razon ni motivo,
Que no queda animal vivo
De esos miles de cabezas.

Y satisfecho el salvage
De que su oficio ha cumplido
Lo pasa por ay tendido
Volviendo á su haraganiar-
Y entra la china á cueriar
Con un afan desmedido.

A veces á tierra adentro
Algunas puntas se llevan,
Pero hay pocos que se atrevan
A hacer esas incursiones,
Porque otros indios ladrones
Les suelen pelar la breva.

Pero pienso que los pampas
Deben de ser los mas rudos-
Aunque andan medio desnudos
Ni su conveniencia entienden,
Por una vaca que venden
Quinientas matan al ñudo.

Estas cosas y otras piores
Las he visto muchos años;
Pero si yo no me engaño
Concluyó ese bandalage,
Y esos bárbaros salvages
No podrán hacer mas daño.

Las tribus estan desechas;
Los caciques mas altivos
Estan muertos ó cautivos
Privaos de toda esperanza,
Y de la chusma y de lanza
Ya muy pocos quedan vivos.

Son salvages por completo
Hasta pa su diversion-
Pues hacen una juncion
Que naides se la imagina;
Recien le toca á la china
El hacer su papelon.

Cuanto el hombre es mas salvage
Trata pior á la muger-
Yo no sé que pueda haber
Sin ella dicha ni goce-
¡Feliz el que la conoce
Y logra hacerse querer!!

Todo el que entiende la vida
Busca á su lao los placeres-
Justo es que las considere
El hombre de corazon;
solo los cobardes son
Valientes con sus mugeres.

Pa servir á un desgraciao
Pronta la muger está-
Cuando en su camino vá
No hay peligro que le asuste;
Ni hay una á quien no le guste
Una obra de caridá.-

No se hallará una muger
A la que esto no le cuadre-
Yo alabo al Eterno Padre,-
No porque las hizo bellas,
Sino porque á todas ellas
Les dió corazon de madre.

Es piadosa y diligente
Y sufrida en los trabajos:
Tal vez su valor rebajo
Aunque la estimo bastante;
Mas los indios inorantes
La tratan al estropajo.

Echan la alma trabajando
Bajo el mas duro rigor-
El marido es su señor,
Como tirano la manda
Porque el indio no se ablanda
Ni siquiera en el amor.

No tiene cariño á naides
Ni sabe lo que es amar-
¡Ni que se puede esperar
De aquellos pechos de bronce!
Yo los conocí al llegar
Y los calé dende entónces.-

Mientras tiene que comer
Permanece sosegao-
Yo que en sus toldos he estao
Y sus costumbres oservo-
Digo que es como aquel cuervo
Que no volvió del mandao.

Es para él como juguete
Escupir un crucifijo-
Pienso que Dios los maldijo
Y ansina al ñudo desato;
El indio, el cerdo y el gato,
Redaman sangre del hijo.

Mas ya con cuentos de pampas
No ocuparé su atencion-
Debo pedirles perdon
Pues sin querer me distraje,
Por hablar de los salvages
Me olvidé de la juncion.

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Hacen un cerco de lanzas,
Los indios quedan ajuera-
Dentra la china ligera
Como yeguada en la trilla,
Y empieza alli la cuadrilla
A dar güeltas en la era.-

A un lao estan los caciques
Capitanejos y el trompa;
Tocando con toda pompa
Como un toque de fagina;
Adentro muere la china,
Sin que aquel círculo rompa.

Muchas veces se les oyen
A las pobres los quejidos;
Mas son lamentos perdidos-
Al rededor del cercao
En el suelo estan mamaos
Los indios dando alaridos.

Su canto es una palabra
Y de ay no salen jamas-
Llevan todas el compas
Ioká-ioká repitiendo,
Me parece estarlas viendo
Mas fieras que satanas.

Al trote dentro del cerco,
Sudando, hambrientas, juriosas,
Desgreñadas y rotosas
De sol á sol se lo llevan-
Bailan, aunque truene ó llueva,
Cantando la mesma cosa.

6

El tiempo sigue en su giro
Y nosotros solitarios,
De los indios sanguinarios
No teniamos que esperar-
El que nos salvó al llegar
Era el mas hospitalario.

Mostró noble corazon,
Cristiano anhelaba ser-
La justicia es un deber,
Y sus méritos no callo,-
Nos regaló unos caballos
Y á veces nos vino á ver.

A la voluntad de Dios
Ni con la intencion resisto-
El nos salvó... pero, ah ¡Cristo!
Muchas veces he deseado
No nos hubiera salvado
Ni jamas haberlo visto.

Quien recibe beneficios
Jamas los debe olvidar;
Y al que tiene que rodar
En su vida trabajosa,
Le pasan á veces cosas
Que son duras de pelar.-

Voy dentrando poco á poco
En lo triste del pasage-
Cuando es amargo el brebage
El corazon no se alegra,-
Dentró una virgüela negra
Que los diezmó á los salvages.

Al sentir tal mortandá
Los indios desesperaos,
Gritaban alborotados
"Cristiano echando gualicho"
No quedó en los toldos vicho
Que no salió redotao.-

Sus remedios son secretos,
Los tienen las adivinas-
No los conocen las chinas
Sinó alguna ya muy vieja,
Y es la que los aconseja
Con mil embustes la indina.

Alli soporta el paciente
Las terribles curaciones-
Pues á golpes y estrujones
Son los remedios aquellos-
Lo agarran de los cabellos
Y le arrancan los mechones.

Les hacen mil heregías
Que el presenciarlas da horror-
Brama el indio de dolor
Por los tormentos que pasa;
Y untándolo todo en grasa
Lo ponen á hervir al sol.

Y puesto allí boca arriba
Al rededor le hacen fuego-
Una china viene luego
Y al oído le da de gritos-
Hay algunos tan malditos
Que sanan con este juego.

A otros les cuecen la boca
Aunque de dolores cruja-
Lo agarran allí y lo estrujan,
Lábios le queman y dientes
Con un güevo bien caliente
De alguna gallina bruja.

Conoce el indio el peligro
Y pierde toda esperanza-
Si á escapárseles alcanza
Dispara como una liebre-
Le da delirios la fiebre
Y ya le cain con la lanza.

Esas fiebres son terribles,
Y aunque de esto no disputo,
Ni de saber me reputo,
Será, deciamos nosotros,
De tanta carne de potro
Como comen estos brutos.

Habia un gringuito cautivo
Que siempre hablaba del barco-
Y lo augaron en un charco
Por causante de la peste-
Tenía los ojos celestes
Como potrillito zarco.

Que le dieran esa muerte
Dispuso una china vieja;
Y aunque se aflije y se queja,
Es inútil que resista,-
Ponia el infeliz la vista
Como la pone la oveja.

Nosotros nos alejamos
Para no ver tanto estrago-
Cruz sentia los amagos
De la peste que reinaba-
Y la idea nos acosaba
De volver á nuestros pagos.

Pero contra el plan mejor
El destino se revela-
¡La sangre se me congela!
El que nos habia salvado,
Cayó tambien atacado
De la fiebre y la virgüela.

No podiamos dudar
Al verlo en tal padecer
El fin que habia de tener,
Y Cruz que era tan humano:
"Vamos" me dijo "paisano,
á cumplir con un deber".

Fuimos á estar á su lado
Para ayudarlo á curar-
Lo vinieron á buscar
Y hacerle como á los otros;
Lo defendimos nosotros,
No lo dejamos lanciar.

Iba creciendo la plaga
Y la mortandá seguia;
A su lado nos tenia
Cuidándolo con pacencia-
Pero acabó su esistencia
Al fin de unos pocos dias.

El recuerdo me atormenta,
Se renueva mi pesar-
Me dan ganas de llorar
Nada á mis penas igualo;
Cruz tambien cayó muy malo
Ya para no levantar.

Todos pueden figurarse
Cuanto tuve que sufrir;
Yo no hacia sinó gemir
Y aumentaba mi aflicion,
No saber una oracion
Pa ayudarlo á bien morir.-

Se le pasmó la virgüela,
Y el pobre estaba en un grito-
Me recomendó un hijito
Que en su pago habia dejado,
"Ha quedado abandonado,
"Me dijo, aquel pobrecito".

"Si vuelve, búsquemelo,
Me repetia á media voz-
"En el mundo eramos dos
"Pues él ya no tiene madre:
"Que sepa el fin de su Padre
"Y encomiende mi alma á Dios".

Lo apretaba contra el pecho
Dominao por el dolor-
Era su pena mayor
El morir allá entre infieles-
Sufriendo dolores crueles
Entregó su alma al Criador.

De rodillas á su lado
Yo lo encomendé á Jesús!-
Faltó á mis ojos la luz-
Tube un terrible desmayo-
Cai como herido del rayo
Cuando lo vi muerto á Cruz.

 

 
 
 
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