*
Razas de caballos: Peruano de Paso
 
 
- CABALLO PERUANO DE PASO- Son diversos y llenos de matices los colores que adornan al caballo de paso peruano: simples, como en el alazán de pelajes rubio-rojizos, el negro y el blanco; compuestos, como el bayo de pelaje amarillento, el castaño y el saíno, entre rojizo y negro; compuestos y mezclados, como el tordillo de pelaje cano, el moro de reflejos azulados, el rosillo de pelos blancos y rojizos, el lobo de pelos negros y amarillentos, el roano de pelos blancos, negros y rojizos, el flor de romero cuya mezcla es del tipo tordillo con lobo, y pío u overo de pelaje de cualquier color con manchas.
- El Paso Peruano tiene unos orígenes similares a los del Paso Fino. Sus antepasados eran Berberiscos y Pura Raza Españoles llevados a Perú por los españoles en el siglo XVI. Al igual que el Paso Fino, el Paso Peruano ejecuta un aire poco habitual que se conoce como el Paso y que da nombre a la raza .El paso es un aire lateral en el que el caballo se mueve por bípedos laterales, con las manos levantadas (campaneo) y los posteriores bajos, mientras que los pies impulsan el caballo hacia adelante. EL Paso Peruano es muy conocido por su capacidad para sobrevivir con poca alimentación.

- Aspecto: Posee una conformación parecida a la del Berberisco, aunque con una complexión algo más pesada, sin embargo tiene las espaldas rectas, lo que facilita el campaneo de las manos.

- Alzada: Ente 1,40 y 1,55 metros.

- Capa: suelen ser castaños, aunque también se dan las demás tonalidades.
Otras características: Muy dócil, fuerte y resistente.

Los "grandes caminantes peruanos".

El Caballo Peruano de Paso, historia y tradición.

Copyright Ó 1037-2001 Indecopi, Prohibida su reproducción total o parcial sin reconocimiento y permiso del Autor.

Por Eduardo Martín Recoba Martínez

"Das ist unglaubich Pferd, das its eines grosses Peruanische fusseganger "

Alexander Von Humbolt. Eine Sudamerikanische Reise.

"Este es un caballo increíble, son los grandes caminantes peruanos". Así describía en una carta el barón A. Von Humbolt en 1808 a los caballos peruanos de paso (1) . Otro viajero ilustrado como don Antonio de Ulloa mencionaría en sus Noticias de América, publicada en Madrid hacia fines del siglo XVIII, las peculiaridades del caballo nacional. Asimismo, el viajero suizo Tschüdi mencionará que "este caballo es el más fino descendiente del caballo andaluz que yo haya visto", siendo quizás el primer extranjero que describiera el "gateo" del caballo peruano de paso. Sin embargo, hacía ya dos siglos y medio que el hombre peruano ya conocía de las bondades de esta bestia equina ambladora.

En efecto, desde las primeras yeguas andaluzas y potros berberiscos que trajo Francisco Pizarro en 1531, durante sus primeros viajes y "entradas" al Imperio Incaico, ya comenzaba a gestarse una raza, que por ser ambladora, es decir, con desplazamiento en bípedos laterales, no es única en el mundo. Sí lo es por la suavidad y avance de sus pisos o aires naturales.

Razas "de Paso" las hay a cuenta gotas en el mundo, pero las hay. Para el ecuatoriano don Luis de Ascazubí en su obra, El Caballo de Paso: su Equitación y Aires Naturales, son ocho aproximadamente las razas ambladoras en el mundo.

En la China del siglo XIII, es decir, durante el próspero reinado de la dinastía Song, era costumbre ver llegar a los auditores del emperador a los pueblos fiscalizados, montados en suaves mulas de paso. Esto les daba un aire de autoridad y elegancia que los distinguía de otros funcionarios imperiales. Es un hecho, que en la China imperial, montar mulas de paso era símbolo de nobleza, distinción y elegancia.

Durante la edad media, en Francia se conocía al Palefroais francés y en Alemania al Trakhenner , ambos caballos de paso de "sangre caliente" ( warmblood ), muy usados no sólo por frailes viajeros, sino por nobles caballeros y guerreros de la época. Éstos últimos se valían de los caballos de paso para el desplazamiento al campo de batalla, lugar de donde se apeaban del noble palafrén amblador para montar en el ansioso, pero no menos noble, Oldenburg o Hanoveriano de guerra.

Asimismo, las cruzadas no sólo permitieron conocer al caballo árabe asiático ( eqqus asiaticus ), sino que durante la estadía forzosa en Egipto, las huestes francesas a mando del cautivo Rey San Luis el piadoso , pudieron ver, montar y comparar la ambladura de los potros berberiscos o caballos árabes africanos ( eqqus africanus ), criados para la guerra por las tribus beréberes del norte del continente negro, que ahora ocupan las naciones árabes de Marruecos, Argelia y Túnez, siendo los criadores tribales más afamados los del reino marroquí, destacando ahí las tribus de los Ataoui y los Meubisi, forjadores de sendas líneas de caballos cuyos orígenes se remontan a los primeros emiratos de culto "sunita" musulmán del norte africano.

El control del norte africano por Aníbal Barca, caudillo cartaginés y forjador del único imperio que pondría a prueba -dos siglos antes de Jesucristo- al poder romano, permitió que la cría del caballo amblador berberisco se desarrollará con amplitud, llegando la caballería ligera de Cartago a ser una de las más eficientes de la antigüedad como se probó en las guerras Púnicas del 236 AC.

Justamente en ese extremo del mediterráneo y retornando en nuestro relato a los inicios de la edad media, Tarik, caudillo moro, cruzaba en el 711 el peñón que ahora lleva su nombre, Gibaltrar ( Giba-Al-Tarik o "Piedra de Tarik") y derrotando al Rey visigodo don Rodrigo en Guadalete, introdujo la cultura y fe de la media Luna musulmana en la península ibérica. Pero eso no fue todo lo que se filtró en la guerra de conquista árabe-morisca.

Los mismos potros beréberes que montaban los pares cristianos en el cercano oriente, fueron diseminados en la España árabe o morisca. Muy pronto, la suavidad y el avance de los caballos beréberes fueron las características más conocidas de estos caballos en la Europa Nórdica, allende los Pirineos. En efecto, yeguadas enteras fueron llevadas a través de estos macizos, la bretaña, Islas Británicas y los países Alpinos. Siendo la cabalgadura predilecta de la nobleza, sobretodo la femenina y de frailes o curas viajeros. Éstos últimos, a través de la Orden Benedictina y de La Cartuja, en Italia y España, respectivamente supieron mantener la crianza y la enfrenadura de los caballos berberiscos.

Por el lado musulmán, la saga del caballo de paso y su historia no era de paseos ni de sana diversión. El moro o español medieval usaba al caballo en la guerra, en la batalla, llevándolo a situaciones límites, entre lluvias de flechas, bombardas, lanzas y cargas de caballería. Ya lo decía Al-Mutabi, poeta español del siglo X, "Mi caballo, la flecha, la espada y el viento son testigos de mis hazañas".

La importancia del caballo en el mundo hispano-árabe era tal que en los Registros de Abitii, tesorero del rey de Granada, el soldado de la caballería andaluza recibía un sueldo anual de 1,000 monedas de plata. Su caballo, recibía 30 monedas anuales de sueldo, grano más cereal y sal por un año como ración extra y dos "semanas de vacaciones", una semana más que el soldado....además de una suerte de seguro contra muerte en combate, cuatro siglos antes de que el inglés Lloyd creara el seguro marítimo en Inglaterra.

De hecho y según el profesor José Sanz Parejo, el incomparable y mítico Babiecas, caballo de don Rodrigo Díaz de Vívar, arquetipo del caballero e hidalgo español y motejado el Cid ("señor" en árabe) por sus primeros patrones, los reyes moros, tenía un origen berebere. La sospecha es fundada: Todas las miniaturas y estatuas ecuestres del paladín burguelés demuestran una cabalgadura que ambla, es decir, un caballo amblador, de silla, antes que trotador. ¡El campeón y adalid de las banderías de los reyes de Castilla, León y Aragón, montó un caballo berebere de paso!

Era costumbre muy arraigada entre los moros (de culto sunita), montar caballos "enteros" o potros, a diferencia de los tuareb árabes (de culto chiíta) que gustaban montar yeguas. Al parecer la explicación estaría en la diferencia de cultos: para la secta sunita tradicional del Islam (por tanto la más pacífica, tolerante y menos fundamentalista), el Corán o Libro Sagrado de Mahoma, le otorga al caballo un origen en Ismael, vinculándolo con una figura masculina y acaso viril, de ahí la predilección de los moros por los caballos "enteros"; en tanto, el culto chiíta u ortodoxo (violento en sus inicios y que hasta el día de hoy pregona la Guerra Santa), da cuenta de que el caballo nació del viento por la mano de Dios o Alá, relacionando al caballo con una figura femenina, de ahí las yeguas montadas por los árabes de la meseta.

La relación que con este animal consideraron los moros en España, y en general, en el mundo árabe llegó a niveles prácticamente míticos. Consideraban los vientres de las yeguas preñadas "como cofres que guardaban pequeños tesoros". Para los sufíes o teólogos-filósofos del Islam, el trono de Dios o Alá estaba en el lomo de un caballo. Consideraban -como se mencionó de acuerdo al culto sunita-, a los caballos como descendientes de una yegua que Dios dio en obsequio a Ismael, progenie de Isaac y de la esclava Agar, padre -junto a Abraham- del pueblo árabe, reconociendo la nobleza de corazón y la obediencia del primero y en los Suras o Salmos del Corán cantan las gestas y hazañas de estos nobles animales. Poemas enteros de los versos sagrados del Corán, explican cómo el Arcángel Gabriel, fue enviado en una yegua blanca a revelar la Palabra de Dios al profeta Mahoma, mientras éste dormía.

Ambladores menores, pero no menos importantes se pueden encontrar en Islandia y regiones al oeste de las Islas Británicas: el pony de Reijavick en Islandia y el pony Shettland son dos buenos y recios caballos ambladores, tanto de silla como de tiro, respectivamente. En los Estados Unidos se cría una raza ambladora de silla, pero su uso devino más en caballos de carreras de tiro, también se ubica el famoso Morgan Husky, en sus variantes de paso de Missouri o de Kentucky, criado desde del siglo XVIII por los dueños de plantaciones de Algodón en el sur de Estados Unidos.

En Latinoamérica tenemos al caballo de paso fino colombiano, al caballo peruano de paso, el caballo nicaragüense de paso, puertorriqueño, costarricense, panameño y al Mangalarga brasilero, sin olvidar una raza de paso cubana que desapareció recientemente a raíz de la revolución castrista y que el Instituto de Genética de La Habana estaría intentando recuperar a través del inbreeding o crianza por absorción, tal como se hizo en Rusia hace dos décadas con el caballo de Sewaslky. Hasta ahora se pueden ver en los hatos ganaderos de Guantánamo y Sierra Maestra, a la vaquería cubana de los Comités de Defensa de la Revolución montando caballos con un pasitrote que acusa cierta riqueza genética del caballo cubano de paso, que tiene mucho de señorial y casi nada de comunista...

Aunque no es amblador completamente, el Cuarto de Milla norteamericano o Quarter Horse , puede considerarse un "pasitrote", el uso ganadero de este animal por los vaqueros del país del norte lo educó en el trote y galope corto, pero su origen es berebere, amblador, habida cuenta que Juan de Torres, soldado de Pizarro y quien estuviera en la toma del Inca en Cajamarca, llevó yeguarizos y potros beréberes desde Nicaragua hasta las planicies de Texas y Arizona en el S. XVI. Todas estas yeguas berberiscas pertenecían a una línea que introdujo en Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, Guatemala y Panamá, el conquistador Sebastián Moyano de Benalcázar, morisco por cierto y de familia de arrieros. Es decir, se tiene que fue un soldado que estuvo en Perú como Juan de Torres y un morisco y arriero como Moyano, los que introdujeron los primeros caballos en el oeste norteamericano, sus descendientes como el Mustango, el Apaluza, el Cuarto de Milla, de sangre berberisca todos, pero trotones al fin y al cabo, son los caballos que montaron y montan los cowboys del país del norte. Entonces bien se podría decir que, el primer cowboy tejano fue un "perulero" o soldado español que participó en el descubrimiento y conquista del Perú (2).

--------------------------------

Pese a la ambladura de todas estas razas mencionadas, el caballo peruano de paso, puede considerarse, por su equino morfología, único en el planeta y por muchos como el "mejor caballo de silla del mundo", pues no solo basta la ambladura en un caballo de término, también es importante, el desplazamiento largo y "avanzador", el movimiento suave y cadencioso de los posteriores, casi rompiendo en equilibrio del tren de avance. Comodidad, estilo y aguante. Además de una capacidad incomparable para el trabajo y faenas del campo.

Como se mencionó, Francisco Pizarro no sólo consideró tener yegüarizos andaluces, trajo en sus viajes también, jacas de potros beréberes que pronto dieron buena crianza en tierras incaicas. Probablemente o es muy probable que entre 1531 y 1532, fueran traídos vía Panamá, los primeros caballos beréberes (y andaluces). No se sabe cuántos -de los 80 caballos que tenía la hueste conquistadora- eran ambladores, lo cierto es que Moyano de Benalcázar comerciaba con ellos desde Panamá y con certeza Pizarro acudió a él para la provisión de caballos de guerra.

El clima, la dieta, la difícil geografía peruana, la crianza, la selección y otros factores influyeron poco a poco en una raza eficiente y eficaz para el trabajo, el viaje y la exploración. Según José Antonio del Busto, en su monumental "Historia del Perú: Descubrimiento y Conquista", los caballos trocaron su dieta de granos y cereales, por una más rústica de pastos (como el ichu altoandino), maíz chala y en casos extremos escama de cebolla para el soroche o mal de altura. Así, un animal de menor medra y alzada, pero más fuerte de conformación morfológica fue apareciendo en los valles del nuevo virreinato.

Los desiertos y arenales costeños, las quebradas y vertientes de las serranías, las húmedas trochas amazónicas, fueron forjando un caballo medio líneo (1.4m a 1.45m de "alzada" o tamaño), de cascos fortísimos y de pelaje fino, pero a la vez resistente. Así, los herrajes de hierro traídos por los conquistadores se fueron dejando de lado, luego, según crónica apócrifa y anónima (exagerada o no): "los cristianos forjaron herrajes con el oro y la plata de Atahualpa en aleación, ya que el hierro escaseaba, después el oro se dejó y las bestias andaban sin metales, los castellanos dieronse cuenta que en estos reinos, las bestias eran fuertes y no necesitaban el metálico calzado". Todos estos factores, dieron cabida a un animal rústico, de buen temperamento y nervio y sobretodo acostumbrado a los sacrificios y esfuerzos del trabajo duro. La yugular del berebere, el nervio y estética del andaluz y otras características "afrisonadas", ayudaron al novel caballo criollo, en su camino a una genética y formas únicas.

Ya para el siglo XVIII, y luego de dos lustros de búsqueda, perfeccionamiento y selección, tanto artificial como natural, la raza caballar criolla del Perú ya tenía nombre propio.

En Lima, ya desde fines del siglo XVII, en haciendas cercanas al Valle del Rímac, se dan partes de esta raza. Así, en un recibo de compra-venta que emite la Compañía de Jesús, propietaria de la Hacienda San Juan de Villa, se lee claramente: "Se reciben ciento veinte piezas de oro por concepto de la venta a perpetuidad de cuatro yeguas de término tordillas del Administrador de la Hacienda Maranga en el pueblo y comunidad de indios del mismo nombre, en el Valle de Lima" (Libro Mayor, 1685).

Asimismo, según los anales de la Real Audiencia de Lima, un funcionario de ésta da cuenta de lo ocurrido en esta Cuidad de Los Reyes de Lima, destacando "...cabalgaduras que usaban los nobles de esta ciudad de Lima en sus juegos de toros, cacerías en las pampas cercanas y bosques aledaños, eran de paso atrancado (sic), africanizado menudillo, pelaje morisco, menudas de tamaño y de crines y colas largas (...) hay de por sí, mozos diestros con el caballo en los juegos de toros, la mayoría venidos de las haciendas cercanas a la Villa de Lima" (Real Archivo General de Indias, 1692).

En algunos frescos pintados en Iglesias y Casas solariegas de la antigua ciudad de Lima, se dejan ver algunas (muy pocas en realidad) representaciones de la vida no religiosa en las que se reflejan escenas de caza en las cercanías de Lima, en lo que antiguamente se conoció como las pampas de Amancaes, otrora refugio de fauna y flora silvestre, ya desaparecida en Lima por la imprudencia de la administración peninsular. Posteriormente en las postrimerías del siglo XVIII y bien entrados los siglos XIX y XX, en Amancaes era muy popular todos los 24 de junio la Fiesta de San Juan de Amancaes, fiesta donde una de las características principales era la exhibición de caballos de paso que hacía la aristocracia hacendaría limeña, exhibición que prosiguió hasta los años 40, década en la que desapareció esta hermosa afición con el avance del desmedido urbanismo y modernidad mal administrada y entendida.

El tradicionalista Ricardo Palma describía la fiesta de la siguiente manera: "...la población de Lima se desplazaba hacia la pampa a tempranas horas de la mañana, las damas, quienes vestían ajustadas sayas y escondían el rostro con mantones, iban en carros tirados por mulas, acompañadas de un negrito o una chaperona y los hombres, con refinados ponchos de vicuña y seda, pañuelos de seda y sombreros de toquilla del Ecuador iban en briosos corceles de paso, finamente aperados en plata con monturas de cajón, van cantando y enamorando a las damas, que por la saya y el manto no pasaban desapercibidas (...) llegados a la pampa, se iniciaban los festejos y cotejos de caballos, los jóvenes de Lima efectuaban evoluciones ecuestres de muy buena factura y escuela. Seguidamente iniciaban concursos de canto, se bailaban zamacuecas y otras zambras, se comía y bebía a gusto.....". Años antes, la luchadora social y feminista Flora Tristán, abuela del conocido pintor francés Paul Gauguin, describe con acuciosa animosidad la mencionada fiesta y sin tanta pompa como Palma, pese a esto la cronista debió reparar en el dominio del caballo criollo por parte de la nueva juventud aristocrática de la bisoña Lima republicana. Asimismo, el pintor bávaro Johhan Maurice Rugendas plasmaría al óleo durante su estadía en Lima momentos cumbres de la fiesta en la pampa de Amancaes: quedaría inmortalizada en el cuadro cómo un zambo guaragüero en pleno arrebato ecuestre y picando espuelas con una maestría espeluznante, le roba un beso desde su caballo de paso a una negra que andaba por ahí igualmente montada.la escena del fondo delata jaranas bañadas de pisco, guitarra y cajón criollo, banderas de la neófita república independiente y en general mucha vida, mucho color, ritmo, mucho criollismo, mucho Perú.

Lo cierto es que -pese al decimonónico y romántico relato de estos tradicionalistas y artistas- estas fiestas eran un desenfreno y exceso de comida, alcohol y sexo. Bien dice un autor anónimo del siglo XIX, parodiando a un criado negro de librea: "...fue flaquita mi amita a Amancae´, pero bien llenita que enregrezó" . Asimismo, durante la última década del siglo XVIII, y aunque nada prueba que haya sido verdad, a través de una petición del Cardenal de Lima, se trató de prohibir la Fiesta por licenciosa, principalmente por los excesos ahí consignados, pero la población de Lima, desafiando la autoridad real y eclesiástica, salió a las calles a protestar, y con el apoyo del Virrey, quien era de la partida también, se logró revocar el petitorio, condicionándose ésta fiesta a un espectáculo de romería a la Capilla que estaba apostada en la pampa, y cuyo culto estaba dedicado al Santo Patrón de la Fiesta. Probablemente y de ser cierta, esta muestra de protesta popular se dio unos años antes de la guerra del impuesto del Té en las 13 colonias de Norteamérica o las revueltas de Paris del 14 de julio de 1789 y sin mediar enciclopedistas, economistas o filósofos ilustrados.

En una detallada descripción que hace del ingreso del Virrey Conde de Nieva, aquel que se hizo famoso por las jaranas y juergas que armaba en Palacio, un autor anónimo menciona y destaca la suavidad de pisos de la mula montada por el Virrey y lo bien que era llevada por el Conde "jaranero", y quien muriera trágicamente dizque en instancias en las que el Conde trepaba en horas de la noche (guitarra en bandolera y bota de pisco en ristre) por el balcón de una damita limeña, cuando a la sazón el marido de ésta, advertido del noble intruso, "se le resbaló" una maceta que fue a parar en la cabeza del Conde enamoradizo.

Ya a finales del siglo XVIII e inicios del XIX, el m arqués del Valle Umbroso, don Pedro Zavala en su libro publicado en Madrid en 1831, "Escuela de Caballería Conforme a la Práctica Observada en Lima", narraba no sólo en peculiar adiestramiento usado por los chalanes o jinetes criollos peruanos en los caballos de paso, narraba además este noble criollo limeño, las presentaciones que consignaron famosos toreros de a caballo en Acho por aquellos años. Posteriormente, ya entrado el siglo XIX y hasta inicios del presente, crónicas taurinas dieron cuenta de otros toreros de a caballo (y de a pie) que se dieron cita en la bicentenaria Plaza de Toros de Acho, en Lima, construida por el Virrey Amat en 1768. Así, el chalán surgió no sólo como figura vinculada al mundo del campo y del caballo, sino como héroe del pueblo, torero valiente y eximio caballista. Para el diccionario Larousse, el chalán es aquella persona con habilidad para montar a caballo y comerciar con estas bestias. Viene del vocablo árabe Chal , que significa pañuelo y es que los jinetes moriscos solían y suelen montar con estas prendas sujetadas al cuello, tal como se hace en Perú hoy en día, nada menos que a 14,000 Km de distancia y sabe Dios cuántos siglos ¡cruzando el Atlántico!, física y psicológicamente lejanos.

Nombres como Casimiro Cajapaico (cuya mejor faena fue el 10/01/1790 en Lima), de quien Valle Umbroso anotará: "Era tan jinete y tan torero que hasta provocaba levantarle una estatua cada vez que lanceaba un toro", destacaron en el universo taurino de Lima. Se añaden figuras como Juan de La Rosa Asín (mejor faena: 23/01/1837, Acho), el mulato Juan Céspedes " el indio ", quien fuera retratado por Goya (11/02/1808, Acho) Manuel Monteblanco (28/01/1849, Acho) y la chinachola Juana Breña, recordada por Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas como "Juana La Marimacho " y quien lanceaba toros ".montada en un overo del norte", dato por demás curioso que confirma la diversidad de pelaje que existía antiguamente en nuestra raza peruana equina (Dr. Emilio Solanet, Pelajes Criollos, Buenos Aires,1955).

No hay que olvidar a Esteban Arredondo (mejor faena: 21/01/1670 en Lima), mulato él quien nació en "La Higuereta", una hacienda cercana a Lima, acusando una calvicie precoz que lo obligaba a usar un pañuelo en la cabeza al estilo "pirata" para protegerse del sombrero de jipi japa, o sombrero de toquilla del Ecuador, hoy conocido como "Panamito".

Según don José Antonio Dapelo Vargas en su libro "El caballo peruano de paso. Su enfrenadura y Apero Nacional", la enfrenadura de los caballos usados para el toreo en Lima era tan fina y de tan buena factura que en ocasiones los chalanes competían en colleras usando tan sólo cintas de seda o hilos de pescar para el gobierno de sus cabalgaduras.

Es justo reconocer, que la enfrenadura peruana debe en gran parte su origen en los chalanes toreros que adiestraban a las nobles bestias en estas lides. Tal como lo menciona Dapelo, "el origen de la enfrenadura tal como se conoce hoy, está en aquellos caballos preparados para la Suerte Nacional", que no es sino la manera peruana, por tanto original y criolla, de torear a caballo, según prácticas y usanzas de nuestra enfrenadura, única en el mundo y una de las más finas y meticulosas.

Respecto a la Suerte Nacional sólo se puede mencionar que ya en 1782, se consolidó la "galana suerte de capear a caballo". Así, Mendiburú menciona que "el capeo a caballo no se hizo al principio por toreros ni chalanes pagados, sino por individuos que tenían afición a ese ejercicio, y aún las personas de clase no desdeñaban en ir a buscar lances que los acreditasen de jinetes y valientes".

A diferencia de la enfrenadura "brava" como dicen en España, la enfrenadura en Perú, fue una actividad casi de "culto". En efecto, la paciencia, el buen trato, la suavidad de movimientos, el mínimo uso de "ayudas" y hierros, hacen del adiestramiento criollo un arte poco visto y conocido y con peligro de desaparecer.

A continuación, se tratará de describir, muy superficialmente y de manera profana la doma peruana: antiguamente, cuando la crianza era más rústica y campera, se empezaba la enseñanza, según las necesidades, escogiendo potros y potrancas de 3 a 4 años de edad, se les laceaba y empezaba un proceso de amanse en el bramadero o palo clavado en un potrero, usando la voz suave, las caricias y las cosquillas. El chalán -después de unas semanas- iniciaba el proceso del cabestreo, es decir, jalar con una soga de toquilla al joven aprendiz, así se le iba dando "forma" a la natural ambladura del animal, se le iba "sacando lo mejor", se le daban los primeros refinamientos en el braceo natural, movimiento de manos, término, estilo, todos conceptos que tienen que ver con el adorno del caballo, si el chalán consideraba éstos como exagerados para el trabajo, los dejaba de lado, pero sino, seguía delante con el pupilo. Luego, que éste aprendiera a llevar el paso, el atranque y a tornear por ambas manos alrededor del bramadero, se le colocaba las primeras sillas de trabajo. Durante la primera monta en lugar del uso torpe y poco adecuado del hierro en la boca se le coloca un bozal con falsas riendas, esto le da al joven caballo mayor seguridad y menor rechazo. La primera monta igualmente no era traumática. Amadrinado por un capón viejo y manso, el caballo se deja montar y lomear, operación que se realizará sin bruscos movimientos y exigiéndole al animal lo justo, sin aires ni alborotos o corcoveos innecesarios, por el contrario, vicios que se evitarán en el transcurso del aprendizaje. Luego de repetir unas semanas la ensillada, la monta y el "lomeo", el joven caballo saldrá en su primer paseo, siempre amadrinado. A medida que va ganando confianza, el caballo irá dejando la compañía del capón, e iniciará su vida de trabajo y de primeros ejercicios (torno, caracol, quebranto, picadero de trabajo, ciento y cejo, etcétera), hasta el momento en que el chalán vea necesario colocarle el freno. Para este punto, habrán pasado unos meses de bozal. Sin embargo, el paso entre el bozal y el freno no es brusco, hay un proceso de transición que igualmente dura unos meses: las cuatros riendas, es decir, las falsas riendas del bozal, aunadas a las riendas de la cabezada de donde pende el hierro. En las cuatro riendas, el chalán, realiza los mismos ejercicios y suertes con el que ha venido trabajando de bozal, poniendo más énfasis en los ejercicios de la boca y el cuello, es decir, en la entrega del animal. Finalmente, el bozal será dejado de lado, y se dará paso al freno, sólo a este nivel, se dará pase al primer "empalme" con las espuelas, usándose éstas más por adorno del chalán que como ayuda o castigo del animal. Posteriormente se acostumbrara al caballo al poncho y al pellón (pieza de lana que va sobre la montura para comodidad del chalán) para evitar sustos y nervios innecesarios.

Pese a la barroca y pomposa historia del caballo peruano de paso, no todo fue espectáculo, aristocrática diversión o noble y ociosa actividad.

En efecto, la suavidad de sus movimientos laterales, hizo del caballo peruano de paso, sino el mejor, uno de los mejores caballos de silla del mundo. Esto fue muy aprovechado por el hombre de campo peruano.

Hasta la década de los años 60, años en que una Reforma Agraria rompiera el régimen y circuito económico del latifundio en Perú, las haciendas, tanto de la Costa como de la Sierra, eran grandes extensiones de terreno productivo y eriazo. Desde el siglo XVI con las primeras encomiendas, hasta el siglo XIX con la hacienda moderna, el hombre de campo necesitó de una bestia de transporte, capaz de soportar en su lomo al acucioso agricultor, llevándolo suavemente a través del campo, manteniendo un mismo tren de velocidad, sin perder el ritmo y la cadencia.

Así, el hombre de campo encontró cierta funcionalidad en el caballo peruano de paso, que muy bien la adaptó a las necesidades puntuales de una chacra, fundo o hacienda.

El desplazamiento en bípedos laterales, permite al chalán o jinete, no perder el centro de gravedad sobre la montura, evitando el incómodo trote inglés o el pasitrote indeseable. De esta forma, el caporal, capataz, administrador o peón, puede ir cómodamente sentado en una montura de cajón, muy parecida a la española o a la antigua portuguesa, lo que le permitirá ver el campo en general. Podrá estar en capacidad de ver el estado de la tierra, cómo va el proceso de siembra, en qué etapa de crecimiento y cómo crece la planta, si tiene o no plagas, si es necesario más agua en tal parcela o más fertilizante, podrá ver cómo el agua se distribuye en el surco, sobretodo en las haciendas de la costa, donde el líquido elemento escasea. El caballo peruano de paso, llevará al trabajador hasta el mismo origen de las bocatomas del agua, éste verá si algunas necesitan reparación o no, si es necesario construir nuevos canales de regadío, si el agua esta siendo mal aprovechada si hay filtraciones o robos. El caballo permitirá el viaje en un solo día de trabajo, a las parcelas y surcos más alejados de la chacra. Con esto toda la propiedad estará revisada y bien llevada, cuidando que en los linderos no se consignen tapias estropeadas, muros maltratados, o cercas rotas.

Por lo analizado, el lector se dará cuenta que el caballo peruano de paso, es -en esencia- un animal netamente agrícola. Más agricultor que ganadero. Así, para el ingeniero Carlos Luna de la Fuente, "un cultivo se hace a lomo de caballo". En efecto, la gente antigua de Lima, solía decir de sus cosechas, "a esta le falto montura" o "a esta otra le sobro montura", al referirse a una mala o buena cosecha, respectivamente. Esto no desmerece su papel ganadero, sin embargo, el caballo peruano de paso, funcionalmente se adapta más a las necesidades de un fundo agrícola que a uno ganadero.

El caballo peruano de paso, es el único que nos permite andar cómodamente por la chacra, sin perder de vista ningún detalle de nuestra siembra. Con él podemos darnos cuenta, en plena monta y faena de campo, de cómo la mosca de la fruta inicia el proceso de infección en un naranjal. Podemos acercarnos con el caballo, tomar esta naranja, quitarle el parásito, darle una frotadita y continuar nuestro trabajo, mientras saboreamos el fruto.

Como no es de otra manera, el caballo peruano de paso, es una suerte de all terrain equino, lo cual nos permite, llegado el momento, cruzar por una trocha difícil, forzándole el paso rumbo a las bocatomas de agua, porque una compuerta se ha roto, o atravesar un arenal de 30 Km. de tierras eriazas en espera de ser mejoradas, a paso llano rumbo a una cerca que acaba de romper un tropel de vaquillonas del vecino, las cuales fueron encontradas gracias a la exploración con caballos, unas horas antes.

Esas mismas tierras eriazas serán trabajadas, llevando al personal desde el centro de la hacienda hasta las mismas, 10 Km. adentro. Todos los días, durante 6 días de la semana, en jornales de 8 a 10 horas por día, bajo un sol abrasador de la costa, o una helada granizada de la sierra, o una lluvia inclemente de la selva, y con los mismos capones o caballos de trabajo. Estos no acusarán inflamaciones, ni molestia alguna. A cambio sólo pedirán un poco de agua y maíz chala como todo alimento. No sabrán de veterinarios, ni vacunas, ni de vitaminas. Sólo es un trabajador más, rústico y resistente.

Antiguamente, en las grandes haciendas azucareras del norte del Perú, se enfrenaban al año, entre 30 y 50 caballos para uso del personal, ese era el caso de Casa Grande, de la familia Gildemeister, Roma de la familia Larco , Pucalá de la familia Yzaga y en casos como Cayaltí de la familia Aspíllaga Anderson (3), se enfrenaban hasta 120 capones o caballos de trabajo por año para el personal. En la actualidad, con la menor extensión de las chacras, la automatización del transporte y otras variables, el uso del caballo en el campo, por lo menos, en las chacras cercanas a los valles limeños, se ha restringido a un 10 por ciento solamente de uso efectivo, es decir, de 10 chacras, sólo 1 se vale del caballo para faenas de campo. En provincias quizás su uso se encuentre restringido en un 30 por ciento, pero de cualquier modo, la raza caballar peruana, perdió o esta perdiendo su carácter campero, rústico, es casi un animal de lujo, de diversión y ocio, lo cual no está mal, pero deja de lado a veces el papel primordial que tuvo este animal en la historia del campo y la agricultura peruana.

Con sorpresa se vio en una ocasión, en una chacra al sur de Lima, a un conocido que para recorrer el fundo de considerable extensión para los estándares locales (unas 60 hectáreas de espárrago blanco), utilizaba una moto Suzuki de cross , de dos tiempos. Eso no era lo peor, lo malo es en que sus corrales, el Señor X poseía seis yegüitas finas de paso, en abandono y total ociosidad.

Conclusión: el ruido y el humo de la moto, permitían consignar en el espárrago producido en este fundo, un grado de sacarosa por debajo del estándar del mercado europeo o comunitario. Por otra parte, el aceite desparramado por la moto, se filtraba en algunos surcos, aunque marginal al principio, el efecto de este deterioro puede ser grave para la planta en unos pocos años.

Como caballo viajero, el caballo peruano de paso ayudó -al igual que en los Estados Unidos, México, Argentina y Venezuela- a forjar un país. Llevó sobre su lomo a conquistadores primero, luego a evangelizadores y exploradores, después a estudiosos, gracias al caballo, se pudo llegar a amar al Perú, hacerse una idea y conciencia de la Nación. Se comprendió que este país, es de una inagotable riqueza de recursos naturales. Su ritmo de 30 Km de tren y velocidad de crucero constante y su presión sanguínea inigualable, herencia de su primo del desierto, permitieron recorrer largas distancias sin considerar claudicaciones u otros resabios encontrados en otras razas trotadoras.

---------------------------------

Pero, ¿cómo iban montados los chalanes de Lima?, ¿Cómo es el apero nacional y cuáles son sus orígenes?, ¿Cuál es la vestimenta tradicional del chalán peruano?

Empecemos por la montura.

Para don José Antonio Dapelo Vargas, quien en vida fue no sólo uno de los mejores coleccionistas y cultor del apero nacional, sino que fue uno de los últimos enfrenadores que tuvo el Perú (ahora la tradición la continúan sus hijos Marco, Luis y Mercedes en los Estados Unidos), el origen de la montura peruana está en la española campera y en la barroca y federica (del Rey Federico II de Prusia) portuguesa, usada también en la Francia borbónica.

Sin embargo, encontramos elementos arabizantes y moriscos, no sólo en el arzón y repujado mudéjar (o arte hispano-árabe desarrollado en la península durante la edad media) de la misma, sino en otros elementos y detalles, como los estribos de cajón, el uso de mosquetones de plata, pellones, etcétera. Como mencionará Mariano Cabrera Ganoza en su Programa de Televisión El Caballo del Perú, lo anterior aunado con la destreza ancestral del artesano peruano, da como resultado un excelente nivel de artesanía y calidad en el trabajo.

En Perú, y aunque no es una regla, existen tres clases de monturas según el arzón o fuste (chasis) de la misma. La de "cajón", usada en Lima desde los albores del siglo XVII, la de "buche de paloma", usada mucho en el norte y la de "basto", "pata de cabra" o "medio fuste", que vendría a ser una mezcla de las dos primeras, usada en todo el Perú, pero con énfasis en la sierra. Mención aparte merece las monturas de lado o de señoras, muy labradas y finas, ya en desuso entre las mujeres que gustan cabalgar.

En cuanto a la clasificación, según su funcionalidad existen sólo dos clases de monturas, las de trabajo y de exhibición o concurso. Las primeras están a "medio vestir", es decir, el trabajo de retobe o cubierta de cuero no es completo, mientras que en las segundas, el retobe no sólo es completo, sino labrado también. Es en este labrado o repujado el arte del artesano llega a niveles muy altos. En efecto, el artesano, a mano, va modelando motivos naturales y arabescos, que prueban la existencia de un nexo entre la montura peruana y la árabe-hispano-lusa. Asimismo, se puede notar en algunas reliquias del siglo XVIII, que los motivos de la fauna y flora burilados en el cuero de la batalla de la montura, faldones y borrenes, son mestizos o andinos, pues cuando el noble español pedía bestias de su "mundo europeo", el artesano mestizo colocaba pumas y otorongos, o cuando se pedían rosas, el otro ponía orquídeas o casuarinas.

Las más elaboradas y de más fino repujado y acabado, han sido tradicionalmente las huancavelicanas. Eran famosas las monturas del maestro Chávez, de Huancavelica, en especial era el acabado en plata, lo que caracterizaba y daba fama a estas monturas. En este departamento de la sierra central del Perú, esta tradición ya desapareció, actualmente, hay talabarteros, sobretodo en Lima e Ica que continúan fabricando monturas "al estilo Huancavelica", pero son trabajos toscos y de poco refinamiento, estos artesanos son más "trenzadores" de riendas que "aperadores" o talabarteros. La excepción a esto está en el maestro Juan Valencia, en Huacho al norte de Lima, quizás el último talabartero que queda en el Perú. Les sigue las de Apurímac por su estilo laborioso, algo más sobrio que en las huancavelicanas. Finalmente en el norte encontramos las monturas de Chepen, San Pedro de Lloc, Ascope, Sullana y Chiclayo, pero se encuentran más que nada, monturas de trabajo que de otra cosa; en Lima, el estilo es más sobrio aún, pero no menos vistoso, encontrando talabarteros en Cieneguilla, Lurín y San Martín de Porres. Trabajos en monturas se hacen también en Cajamarca, en el distrito de Chota, en la sierra norte. Y por el centro, se encuentran aún artesanos en Ayacucho.

La montura peruana como la equitación del caballo peruano de paso, es funcional. Sirve para su propósito viajero y agricultor. En ella no encontraremos borrenes bajos ni perillas para lacear becerras, pero si batallas amplias, borrenes altos y cerrados, tientos de estribos para una monta a la brida o viajera, finos pellones de vellón de cabra, retrancas, florones y baticolas y demás guarniciones que darán seguridad al agricultor, al viajero diligente, al explorador acucioso o al bravío torero. Para Dapelo, e total de piezas de plata en una montura de afición deberá de ser de unos 800 g de plata pura.

Respecto al estribo, también este tiene origen en el español y portugués, pero no deja de tener influencia morisca, a través del estribo español. En efecto, el "estribo de cajón" peruano, es, como su nombre lo indica, un estribo en forma de caja triangular, con una perilla en la cabeza que conecta al tiento. Esta perilla o bisagra, puede ser movible, en caso de ser un estribo usado por un torero en la Suerte Nacional, o fija, en caso de no ser torero el que monte. En la base, el estribo tiene cuatro punteras, en algunos casos, éstas son de plata. Sin embargo, en los últimos años, se están dejando ver estribos sin punteras, más bien "boleados" en las esquinas, cosa que se especula es una "moda" venida del Norte, indeseable en todo caso en Lima, donde la correcta usanza es vestir con estribos de punteras. Menos deseable es el uso de los "capachos", que son estribos de metal, forrados de suela vira, muy usados por el glorioso 7mo de caballería, comandado por Custer durante la Guerra de Secesión y por Grant a finales del siglo XIX durante su campaña en el Oeste y rescatados por Teodoro Roosvelt padre en la Campaña de San Juan, cuando lideraba al famoso 7mo. En una ocasión se le oyó a decir a Dapelo que "ni los boleados ni los capachos pertenecen a la tradicional forma de aperar un caballo peruano de paso". El estribo peruano se elabora de madera de naranjo, huarango, arabisco o como hacen en el norte de madera de algarrobo. Los españoles al llegar en el siglo XVI, tenían estribos triangulares de hierro, como actualmente usan en España y Marruecos, la falta de este metal en las tierras recién conquistadas dieron paso a un estribo de forma similar, pero hecho de madera.

Por su parte, las cabezadas, cabestrillos, frenos, es decir, todo lo que en Perú se conoce como "Jato" o terno de cabeza, son la admiración de propios y extraños. Las piezas del terno de cabeza en el caballo peruano de paso, son pequeñas y finas tiras de cuero de res, ternera, chancho y en los casos más finos, de cuero de chivato. Estas tiritas van trenzadas en diversos diseños, siendo los más comunes, el lomo de corvina (parecido a la piel escamada de un pez), o embarrilado, este último algo más común. Llevan piezas de plata también, en forma de mosquetones, ocho giratorios y botoneras. Para Dapelo, el total de piezas de plata en un jato de afición deberá de ser de unos 500 g de plata pura.

Mención aparte merece dos piezas únicas y originales de nuestro apero, que no tienen influencia de ningún lado y usadas sólo por caballistas peruanos: el tapaojo y el pellón. El tapaojo, es una pieza, que como el nombre lo indica, sirve para obstruir la visión del equino, sobretodo para las primeras sillas, curaciones, etcétera. También es muy usada en la costa, donde la carencia de árboles llevaba a los chalanes a usar el tapaojo, a fin de retener a las cabalgaduras. Estas piezas en muchos casos son dos finísimas caretas de cuero, de forma trapezoidal, colocadas sobre la cabezada, en la parte superior del testuz del animal y tapadas por el tupé de éste, pueden ser llanas (para el caso de la de trabajo), buriladas con motivos de faunas y flora, o en caso de las más elegantes, enchapadas en plata al estilo Huancavelica tardío. Las dos lonjas de cuero, van unidas por algún adorno, antiguamente se usaban las iniciales del propietario de la hacienda, o su hierro y/o escudo de armas del linaje familiar, o si era devoto, alguna efigie del Santo Patrón. En caso de ser de exhibición este adorno es de oro.

El pellón peruano, conocido como sanpedrano (de la localidad del San Pedro de Lloc en Trujillo) o chotano (de Chota, Cajamarca), es una pieza que va sobre la batalla de la montura, a modo de almohadón o amortiguación, además protege el pantalón del caballero chalán en caso de ser la diligencia no de trabajo, sino de fiesta o alguna ocasión especial. Esta hecha de hebras de lana de cabra o vellón mota, pueden ser de color natural (marfil) o negro azabache, cuando el vellón es teñido. Los primeros son muy raros actualmente. El alma es de cuero suela y era costumbre en la Lima antigua, usar espuelas, si y sólo si, se usase pellón sobre la montura. El apero chileno, acusa el uso de una suerte de pellón, pero es mezquino en las hebras o mota usadas poco vistoso y falto de artesanía, más bien tosco. De mejor factura es la pellonera de los chagras ecuatorianos, especie de gauchos del país norteño.

Asimismo y como un pequeño acápite, se puede hacer mención de las alforjas peruanas. Éstas no son por lo general de cuero, como las del apero de campaña de la caballería y policía montada, son de lana y muy seductoras en sus colores y motivos. Las mejores provienen del norte, en Monsefú, Piura, donde se pueden encontrar algunas muy buenas. Son famosas también las de Querecotillo, en Piura también y en Pacasmayo, La Libertad existe también una buena tradición de alforjeros. La alforja norteña es usada en todo el país y más que accesorio portaobjetos, su uso era el de portaviandas como el queso, choclo y charqui.

En los últimos 30 años, se ha perdido o distorsionado lo que es en sí, la vestimenta del chalán peruano. Hay que diferenciar y hacer notar al lector, que actualmente la costumbre generalizada de ver al chalán peruano, vestido de blanco, pantalón y camisa blancos, sombrero de toquilla o paja de ala ancha, pañuelo blanco o marfil, poncho igualmente blanco, responde más a la estandarización hecha por un antiguo hacendado del norte, cofundador de la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios del Caballo Peruano de Paso, a efectos de uniformizar los cotejos, exhibiciones, concursos, presentaciones y demás, que al seguimiento de una tradición.

En efecto, el origen de esta "obligación" está en el hecho de que en la costa norte y parte del sur, donde el calor y clima semitropical obligaba a los peones a usar ropas de color claro, no sólo éstos se vestían claro, sino que eran los patrones y señores los que igualmente recurrían a ropas blancas. El sombrero era de la ala ancha, por supuesto, porque el Sol en el norte es mucho más fuerte y cae con mayor intensidad que en Lima, el poncho era de lino, o algodón, producto agroindustrial elaborado tradicionalmente en la costa norte desde los primeros años de la colonia y hasta en las épocas pre-colombinas, como lo muestran los mantos de Paracas. De ahí se explica, el porqué de esta vestimenta.

Es leyenda harto conocida que las cholas trensadoras de sombreros de toquilla, tejen en el norte sus sombreros más finos en noche de Luna llena.

Pese a esta idea pre hecha, en Lima, la gente de a caballo o los antiguos caballeros limeños, no vistieron nunca de blanco y menos con sombreros de ala ancha. Sea el siguiente ejemplo, un caballero que durante una exhibición en Amancaes, allá por los años 20 y 30, que ensillaba y montaba en un día de frío y húmedo junio iba vestido como sigue: pantalón oscuro de lana, suelto, con pinzas. Camisa blanca de algodón con gemelos de oro, chaleco oscuro también de lana, saco de paño, estilo cazador, de color azul marino, gris o pardo, pañuelo marfil de seda con iniciales bordadas y broche con el hierro de la ganadería familiar o con el escudo o blasón del apellido, el mismo escudo o blasón del linaje era usado en un chevallier o anillo de sello esgrimido en el dedo meñique de la mano izquierda. Por ser invierno, vestía poncho de lana de vicuña, color habano, finamente trazado con seda, sin flecos ni motivos, también usaba una bufanda o chal de lana de alpaca. Calzaba botines españoles de cuero de ternero, que escondían las medias, efecto indeseable en un caballero de la Lima de antes, y que permitían llevar las espuelas de plata de talonera, rodaja y cebollina. El sombrero que usaba era un pequeño sombrero de ala corta, de toquilla del Ecuador o Jipi-Japa, o bien de palma, bien montado sobre sanpedrano pellón, descansando los pies en estribos con punteras, iba a paso llano gateado saliendo de alguna hacienda hacia la Pampa de Amancaes.

La lógica de este relato pretende hacer que el lector diferencie porqué los chalanes de Lima y los del norte se vestían, y se visten de desigual forma. Las razones son más que nada climáticas, pues en Lima, aunque es benigno, el clima es más templado y menos tórrido que en la zona sub-tropical de la costa norte. De ahí por ejemplo, que en Lima se use un sombrero de ala corta, y en el norte, de ala ancha. Sin embargo, para faenas de campo, en sombreros ya no hay diferencia entre Lima y los pares norteños, los dos usan sombreros anchos. La fiesta, el cotejo, la exhibición, ya eso es otro cantar. Por lo general en Lima, durante el verano se usaba un saco de hilo o de lino, en lugar del poncho. Consideremos que en Lima, de los 12 meses del año, sólo se tiene 2 ó 3 meses con cielo abierto. El resto son cielos con un tímido brillo solar, lo mismo para la lluvia, la cual es una pequeña llovizna, conocida como garúa (4).

Ni que se diga de los caballeros serranos, entonces, donde -aunque el poncho sigue siendo el invernal limeño de vicuña- trocan el pañuelo por una bufanda, y el sombrero de palma por uno de paño, asimismo los botines de cuero de ternero, en la sierra no sirven, usan botas de recio cuero de res, amansadas con grasa de cerdo por las inclementes lluvias y granizadas de las altiplanicies o también polainas de cuero con botones y correas. Mención aparte merece los bravos y legendarios Morochucos, héroes de las guerras de independencia y que don José de San Martín, diera el reconocimiento y estatus de soldados de caballería, elevándolos posteriormente Bolívar a condición de base del Regimiento Húsares de Junín, llamándolos "los centauros del Perú", éstos gustan de ir contra todo canon, y visten ponchos multicolores con flecos, sombreros de paño, largas polainas y espuelas chilenas. En las fiestas se les ve venir, con chalecos cocidos con hilo de oro, carabina de perdigón en bandolera, modernas cartucheras pegadas al cuerpo, totalmente borrachos por el aguardiente llevado en sus alforjas y picando espuelas a sus pequeños y peludos caballitos morochucos. Sin embrago, los aperos usados por estos serían la envidia de cualquier ex hacendado de Lima o del norte. Asimismo, tienden a usar cada vez más, monturas y sombreros tejanos, sobretodo en los pueblos donde hay un cine o video rent .

En tanto, en la selva, al hombre de a caballo o vaquero de alguna hacienda de cría de ganado cebú se le ve más con un pantalón corto, hojotas o sandalias y camisón suelto de hilo amarrado por un cinturón de lana multicolor, sombrero de paja y nada de pañuelos, con una reata o ronzal criollo en la mano, y siempre acompañado en una cartuchera a la vera de la montura, de un buen machete "abretrocha", al mejor estilo de los vaqueros o gaúschos del Pantanal brasilero o boliviano.

Hacia el sur, salvo Arequipa y Puno, -donde los arrieros majeños, se acercan más a gaucho argentino o huaso chileno que al chalán peruano o ecuatoriano, por el uso de polainas, espuelas roncadoras chilenas, chicotes y boleadoras-, pasando por Ica hasta Moquegua y Tacna, los chalanes guardan la misma usanza que en Lima. Cabe destacar que algunos caballeros las zonas de Moquegua y Tacna, se parecen más a los Cavallieri Italianos que a los Chalanes Peruanos, por la creciente inmigración itálica en esos lugares a mediados del S. XIX. Lo mismo pasa con algunos ganaderos cuzqueños y puneños.

--------------------------------------------

Al 31 de diciembre de 1999, según cálculos de la Peruvian Paso Horse Registry , sólo en los Estados Unidos existen alrededor de 9,000 cabezas debidamente registradas en sus stud books . Para la Universidad Agraria La Molina en Lima, las cifras son un tanto distorsionadas, al cierre del año 1999, en el Perú se daba por hecho que cerca de 5,000 caballos de paso, estaban debidamente inscritos en los registros de cría de las diversas asociaciones de criadores y propietarios del Perú (Norte, Lima y Sur del país). En otros países, donde la cría es extensiva también, se calculan unas 2,000 cabezas. Es el caso del Canadá, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Colombia y Argentina (curiosamente el criador argentino de caballos peruanos de paso es serrano, concentrándose su cría en las provincias de Catamarca, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero). En Europa, se sabe de la existencia de criaderos en Inglaterra, Suiza, y Alemania, cuyo número de cabezas es aun marginal, pero no menos importante sobretodo en Alemania. Lo mismo ocurre en el Japón y Australia. De esta forma, el futuro del caballo peruano de paso, se ve más prometedor en los Estados Unidos que regionalmente, y menos localmente.

En el Perú, durante los últimos 30 años, la destrucción del agro, a través de una Reforma Agraria que derivó en una gestión ineficiente en materia agropecuaria, llevó consigo muchos problemas para la raza caballar del Perú. De no haber sido por los esfuerzos - a veces mal o poco entendidos- de personas y grupos empresariales, el caballo peruano de paso, no se hubiese mantenido aun como una raza propia del Perú. Tomemos en cuenta que la raza caballar nacional estuvo en peligro de extinción tres veces: en el transcurso de le expulsión de la Compañía de Jesús en 1767; durante la post-guerra con Chile en 1883; y durante la Reforma Agraria velasquista en 1970 (5).

Por otro lado, la menor frontera agraria y la reducción de tierras aptas para el cultivo, cuyo déficit al cierre del año 1999 se calcula en más de 1 millón de hectáreas cultivables, motivó que el papel del caballo en la vida del peruano de campo sea reducido, perdiéndose esa natural "cultura y agricultura ecuestre" que se poseía antaño. Lógicamente, la modernidad dio paso a nuevas formas de producción, el agro no fue la excepción, rindiéndose al cambio en materia tecnológica y en materia estructural, cambios que para nada fueron para bien: el campo perdió la batalla contra esta modernidad mezquina, subalterna y mal entendida.

En Lima por ejemplo, a principios del siglo XX, existían alrededor del centro histórico unas 80 parcelas de tierras cultivables, entre haciendas, chacras, huertas y fundos. El desmedido y desordenado crecimiento de la ciudad, empujado por la pobreza y la marginalidad de masas de inmigrantes de la sierra (amadrinadas por gobiernos populistas) que poco a poco fueron ocupando los arenales y los desiertos aledaños a Lima, entrados los años 50 y 60, fueron minando esa "despensa" natural que era el "cordón agrícola" de Lima.

Además, la desastrosa planificación urbanística dio paso a la especulación en bienes raíces, debido a magras políticas agrarias, que afectaron la productividad del suelo y del negocio agrario, dejando entre la espada y la pared a muchos productores de este circuito productivo existente en Lima.

En otros casos, como si fuese un bastardo de la recesión de la post-guerra de los 50´s, el desmedido afán de lucro fue lo que movió a muchos propietarios a ingresar en este círculo vicioso.

De cualquier modo, lo que antes eran tierras de cultivo, prosperas y de buena productividad, pese a una ausencia total de políticas agrarias, fueron derivando en urbanizaciones populares, residenciales e industriales. En menos de 20 años, entre 1950 y 1970, barrios enteros aparecieron en los contornos de la ciudad de Lima, asfalto y cemento fueron aplastando surcos, trochas, chacras, huertas, establos, frutales, pan llevar, etcétera. La antigua hacienda, abrió paso a la urbanización chata, de clase media, coyunturista, subsidiada, populachera, kitsch por demás e improvisada. Se perdió en campo, espacio y área verde, se ganó en polución, desorden, tráfico, mal trazo urbanístico, calles estrechas, vulnerables a gustos erráticos, vulnerable al trazo mediocre de arquitectos jóvenes y calculistas de oficio, carentes de toda concepción y respeto por el espacio y tradición del hombre de campo. Barrios enteros con olor a talleres, fábricas, almacenes, etcétera. Todo un eco-sistema perdido. Las haciendas San Borja y Limatambo de los jesuitas, dan muestra de lo anterior. Lo mismo el fundo Barboncito entre San Isidro y Surquillo. Otro ejemplo patético fue la hacienda Chacarilla del Estanco (6), otrora próspera hacienda colonial de la Compañía de Jesús, quedó en manos de militares hacia 1970, que arropados por una dictadura, construyeron lo que a la postre sería un barrio residencial. Lo mismo las haciendas Camacho, Monterrico Grande y Chico (actual Hipódromo de Monterrico), La Rinconada, El Pino, Puente, Salamanca, La Breña o Chacra Colorada, Chacra Ríos, Lince o Matellini, Villa, Cieneguilla, Ñaña, Ceres, Santa Rosa, Huachipa, Bocanegra, Pando, Maranga, Orbea, Higuereta, Vitarte, Fundo Vásquez, Santa Beatriz, Santa Clara, Santa Cruz, San Isidro, Ate, Santa Rosita, Granados, Mayorazgo, etcétera.

Con este panorama, se fue el caballo peruano de paso. Pese a los esfuerzos de la Asociación Nacional, su futuro por tanto, probablemente ya no este en este país. Tal como esos jóvenes peruanos que no encuentran cabida en un mercado laboral complejo, viéndose obligados a migrar a los polos de desarrollo (Estados Unidos y Europa), así nuestro caballo peruano de paso, "embajador silencioso" según reza el chauvinista mote de algún estribillo mediático, es expulsado poco a poco de la tierra, desde donde se supone ejerce la famosa "embajada silenciosa". Es llevado a los Estados Unidos, donde ya existen criaderos del más alto nivel zootécnico, donde el american breeder , no sólo tiene los recursos facilitados por un gobierno, que sabe lo que es mantener viva la tradición a través de privilegios tributarios y arancelarios en alimentos, vitaminas, tierras, etcétera, sino que, después de 25 años de hacer crianza ya tiene el know how y el expertisse para criar y mantener esta tradición (en muchos casos, casi todos, mejor que los locales, supuestos herederos de esta raza), por ellos mismos, sin ayuda del chalán fanfarrón e improvisado, fallido experimento de décadas pasadas, lleno de mezquindades y medianías, propias del engreimiento y soberbia. Felizmente, hoy en día, el criador americano ya no experimenta con esta generación de personas inescrupulosas, ahora el perfil del chalán-profesional que se contrata en los Estados Unidos es él académico, zootecnista, o el ingeniero agrónomo, con mayor valor agregado y mayor educación.

Hoy en día, con la privatización de tierras, el relativo " boom" agro industrial y agro exportador, la nueva ley de aguas, etcétera, puede en algo irse al rescate de esta raza equina. Desgraciadamente hacen falta reformas en materia tributaria, ventajas arancelarias y disminución de costos a la producción agraria, lo cual no nos hacen competitivos en el mercado foráneo. Además, con este desenfreno privatizador, aparecen en escena, nuevos rostros de la economía mercantilista y subalterna, gente que no quiere acercarse a la chacra antes de ver los resultados, por tanto de poca o casi nula afición a la tierra y lo que ésta da, vale decir, poco interés en rescatar lo que el campo dio en tradición nacional: el caballo.

Con ellos y pese a ellos, la gente antigua va regresando "poco a poco" y con esfuerzo o si quiere, "paso a paso" a recuperar 30 años de desperdicio, atraso e improvisación. Así, regresa el amor a la tierra, el amor y respeto a las tradiciones familiares que nazcan de ella, y porqué no, el amor al caballo peruano de paso, de quien sus abuelos y bisabuelos se sirvieron tanto para sacar adelante un sueño. Es gente que entiende el verdadero valor del caballo peruano de paso, sin exagerarlo ni minimizarlo. Saben que el campo necesita de este animal, y éste a su vez del campo....saben que por la rusticidad y humildad del caballo peruano de paso, el mantenimiento es menor -en términos reales- que el mantenimiento de un tractor o de un par de cuatrimotos, ¿Por qué?, No sólo porque en una chacra un caballo paga solo su derecho a estar ahí, con su trabajo y dedicación, sino porque los beneficios en materia ecológica son enormes. El equilibrio ecológico que da este animal, en el campo, en el medio plazo se refleja en las cosechas.

Es deber por tanto, que todos los peruanos se interesen por este animal. Se le vea ya no como un símbolo de lujo, complejo del pueblo conquistado a caballo, símbolo del abuso del hacendado y gamonal, símbolo de opulencia, estatus y soberbia. Nada más falso. Tiene que verse como algo que siempre fue: una herramienta de trabajo, batallador, y porqué no, el mejor amigo y apoyo del chacarero...

(La Molina, Eduardo Martín Recoba Martínez).

(Primera versión: Enero, 2001).

(Segunda versión: Enero, 2004).

Fuentes Bibliográficas y visuales:

  1. José A. Dapelo Vargas. El Caballo Peruano de Paso. Su enfrenadura y Apero Nacional . Lima, 1993.
  2. Luis de Ascazubí. El Caballo de Paso. Sus Aires y Pisos Naturales . Quito, 1968.
  3. Museo y colección Dapelo Vargas. Aperos, bocados y recados.
  4. Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas . Madrid, 1964.
  5. Carlos Luna de La Fuente. Notas sobre el Caballo de Paso . UNALM, Lima,1972.
  6. José A. del Busto D. Historia del Perú. Descubrimiento y Conquista . PUCP, Lima 1985.
  7. José A. del Busto D. Breve Historia de Los Negros del Perú . FEC, Lima 2001.
  8. José A, del Busto D. Pizarro . Ediciones Copé, Lima 2000.
  9. Archivo Fotográfico de Martín Chambi. "Hacendados cuzqueños, moqueguanos y tacneños". Cuzco: 1917-1929.
  10. Archivo Fotográfico de Martín Chambi. "Don Blas de Carvajal: ganadero de Quispicanchis". 1924.
  11. Archivo Fotográfico de Martín Chambi. "Don Cipriano de Vargas, hacendado de Tacna: a caballo". Cuzco: 1924. Colección Privada de la Sucesión Martínez y Vargas .
  12. Real Archivo General de Indias de Sevilla. Catálogos I y VI.
  13. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Noticias de América . Universidad Complutense de Madrid, 1977.
  14. Luis Johamovich y otros. La Hacienda en el Perú . Banco Latino. 1998.
  15. Pedro Cieza de León. Crónica de la Conquista del Perú . Universidad de Navarra. Catálogo Oñate, Tomos I y II. 1980.
  16. Anales de la Orden Jesuita en Lima: 1587-1763. Colegio de La Inmaculada. Monterrico. 2001. P. Ricardo Morales Basadre SJ.
  17. Dr. Emilio Solanet. Pelajes Criollos . Kraft Ltda., Buenos Aires. 1955.
  18. Dr. Ángel Cabrera. Caballos de América . Buenos Aires. 1895.
  19. Peruvian Paso Horse Registry of America . Sta. Janice Hall.
  20. Ministerio de Agricultura. Oficina de Información Agraria. Ing. María Alba Esteves.
  21. Universidad de Navarra. Literatura y poesía medieval del País Vasco. 1993.
  22. Universidad Nacional Agraria La Molina. Departamento Académico de Zootecnia.
  23. A. Von Humbolt. Eine Sudamericasche Reise . Escritos y Cartas Inéditas. Ludwig Maximilian Universität, Munich 1990 .
  24. Dr. Verne R. Allbright. The Peruvian Horse and his Classic Equitation . 1999.
  25. Dr. Verne R. Allbright. Pando and the Lima Haciendas . 1999.
  26. American Association of Owners and Breeders of Peruvian Paso Horse.
  27. Conquistador. Horse Magazine.
  28. Asociación Nacional de Cri adores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso.
  29. Coronel (Cab.) José C. Bernales del Real . El Origen de la Raza Caballar Nacional . Lima, 1896.
  30. El Caballo del Perú. Programa de Antena 3 TV. Mariano Cabrera Ganoza. Lima, 2000.
  31. Pedro Zavala, Marqués de San Lorenzo del Valle Umbroso. La Escuela de Caballería Conforme a la Práctica Observada en Lima . Madrid, 1831. Colección Privada de la Sucesión Martínez y Vargas. D. Alejandro Martínez Palza y Doña Consuelo Ángela Vargas Dulanto.
  32. Anales y Libros Contables de la Hacienda Torreblanca en el Valle de Chancay de Lima: 1849-1896. Doña Consuelo Ángela Vargas Dulanto Vda., de Martínez.
  33. Testamento y Voluntad última de don Nicolás Dulanto, Conde de Torreblanca, Señor de la Hacienda Torreblanca en el Valle de Chancay en Lima, 1859. Sucesión Martínez y Vargas, doña Consuelo Ángela Vargas Dulanto.
  34. Juan Carlos Huaraj. Aristocracia y Hacienda en el Valle de Chancay: 1750-1800 . Tesis de Grado, UNMSM. Lima, 2001.
  35. Memoria Fotográfica de los Vascos de la Diáspora. "Don Nicolás Pedro Martín Dulanto de Las Casas, 3er Conde de Torreblanca, a caballo" . En Los Vascos de la Diáspora , recopilación de Mikel Izcue y Fernando Pérez de Oñartú, México, 1979.
  36. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros. Tres Testigos de la Conquista del Perú . Buenos Aires, 1953.
  37. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros. Domingo Martínez de Soraluce, Señor de Askoyen: cabeza de un linaje vasco en Perú . Disertación sobre vascos ilustres de la Conquista del Perú. Madrid, 1963. Sucesión Martínez y Vargas.
  38. Efraín Trelles Aréstegui. Lucas Martínez Vegaso: funcionamiento de una encomienda peruana inicial . Lima, 1983. Sucesión Martínez y Vargas.
  39. Bernabé Cobo SJ. Historia del Nuevo Mundo . Madrid, 1956.
  40. Patronato del Palacio de Osambela: Banco de Crédito del Perú, Gobernación Foral de Navarra,
  41. Monseñor Federico Richter Prada. Administrador del Patronato del Convento de San Francisco.
  42. Oxford Historical Papers. The horse in the Islamic Cosmovision . 1977.
  43. Diccionario Larrousse Ilustrado. 1988.
  44. Manuel de Mendiburú. Recopilación de Crónicas Taurinas . Ed. Camponuevo, Madrid 1927.
  45. Flora Tristán Leisné. Peregrinaciones de una Paria . Ed. Studium, Lima, 1982.
  46. Alejandro Reyes Flores. Hacendados y Comerciantes (1770-1820) . Ed. San Marcos, Lima, 2001.
  47. Alejandro Reyes Flores. La nobleza limeña: fracción hegemónica (1750-1820) . Ed. San Marcos, Lima, 1995.
  48. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. La expulsión de los jesuitas de los dominios españoles . Página web: www.cervantesvirtual.com
  49. Susana Zavala. Cartografía de Lima (1685-1895) . Ed. San Marcos, Lima, 1998.
  50. Archivo General de La Nación.
  51. Eduardo M. Recoba Martínez. Gestión Económico Financiera de la Hacienda Jesuita San Borja en el Valle de Lima: siglo XVIII . Proyecto de Tesis para optar al título economista. UPSMP, Lima, 2000.

(1) La carta fue dirigida al Príncipe Elector de Sajonia Palatinado, gran criador de caballos árabes en la Corte Prusiana y aficionado a las razas criollas, de hecho el príncipe llegó a tener en sus cuadras a media docena de caballos criollos argentinos

(2) El autor que suscribe este documento pudo montar un Cuarto de Milla en Lima y le "sacó" no con poco esfuerzo y espuelas de por medio un aire muy similar al "trocha" ecuatoriano o "huachano" peruano, es decir, un paso llano, sin "aguilillo" o término, más cercano al "surco" o "camellón" limeño y más lejano que el pasitrote de los gringos....500 años después y en una mañana de invierno dominical, quedó demostrada la prosapia ambladora y berberisca del caballo norteamericano

(3) Famoso fue el potro "Limeñito" de la Hacienda Cayaltí a quien su propietario don Ramón Aspíllaga, dio a servir como padrillo a muchas yeguas del norte del país durante la década del 30, "hibridando" así a una generación de caballos con características muy definidas. Según Jaime Aspíllaga, compañero de colegio del que suscribe este documento, su abuelo no cobraba un centavo por el servicio de este excelente potro y padre de una línea genética impecable.

(4) Además hay razones prácticas, el hombre de campo o sus mujeres se dieron cuenta que es más fácil "lavar" la ropa de color blanco o marfil (con la que se trabaja en el campo) con lejía que lavar la ropa de colores "vivos" con la misma soda.

(5) Se recuerda que los jesuitas fueron propietarios de las mejores y más eficientes haciendas que la historia económica del Perú haya podido registrar y su expulsión, devino en una crisis agraria fortísima que arrastró obviamente al caballo de paso. Casualmente estos tres grandes momentos de peligro para el caballo nacional, coinciden con las 3 grandes crisis del agro peruano a lo largo de su historia económica.

(6) El nombre moderno de "Chacarilla del Estanque" es un error, originalmente este "anexo" jesuita de la colosal Hacienda San Juan de Villa en Chorrillos propiedad de la Compañía, se llamaba correctamente "Chacarilla del Estanco" por funcionar en este fundo un estanco del tabaco que inicialmente administraban por concesión los Padres para el gobierno colonial y luego, durante la República y en manos de la familia Lavalle la propiedad, el susodicho impuesto pasó igualmente a formar parte de los ingresos del fundo vía una comisión por el cobro de la tasa.


 
PRINCIPAL
Aquí su Web
Didácticos
Doma Natural
Escuela Equitación
Hipismo Catalán
Hipismo Español
Hip. Internacional
Jerez 2002
Links
Pony Club
Temas de Cría
Temas Tratados
Venta de Caballos
 E-Mail
 
 




-
-
-*
*


*

Lea yudamos
a mostrar su negocio
a todo el mundillo ecuestre
publicite en
RELINCHANDO


*

Cursos de Doma Natural
Jorge Lisandro Montiel
Móvil 696 76 46 27
Tel. 93 459 02 07

relinchando@hotmail.com
Barcelona - España
Todos los derechos reservados © Copyright 1999-2011 Relinchando.com